Es muy probable que usted estimado lector no tenga ni idea que desde el primero de enero del 2017 se hizo efectivo el impuesto al carbono en Colombia y es aún más probable que usted no esté enterado que se puede lograr la no causación del mismo de una manera muy sencilla, comprando de bonos de carbono.

El impuesto nacional al carbono nace en la reforma tributaria (Ley 1819 del 2016) con el propósito de cumplir el compromiso firmado por el país para reducir nuestras emisiones de Gases Efecto Invernadero en un 20% para el año 2030 (inclusive un 30% si contamos con ayuda internacional). Este impuesto monofásico tiene un valor de quince mil pesos ($15,000) por cada tonelada de CO2 equivalente (tCO2e) emitida y va a subir cada primero de febrero el valor de la inflación del año anterior más un 1%.

Hasta ahí todo es relativamente normal, un impuesto más, en el cual el Usuario Final (cualquier empresa que use combustible, como por ejemplo en su flota de transporte) le compra un galón de ACPM al Sujeto Pasivo (intermediario,por ejemplo cualquier estación de servicio) y este le cobra el valor del combustible más $152 pesos por galón (por la equivalencia de que 1 galón de ACPM emite 10,13 Kg de CO2e) por el impuesto. Siguiendo la cadena, el Sujeto Pasivo le entrega al Responsable (el importador o productor del combustible) el dinero del combustible más el dinero del impuesto al carbono y este a la DIAN, todo normal.

Lo interesante del cuento surge con el Decreto 926 de junio del 2017, en el cual los usuarios finales pueden evitar la causación del impuesto, si y solo si, certifican ser carbono neutro, es decir que el usuario final tiene 2 opciones: A.) Pagar $15,000 pesos por cada tCO2e emitida ($152 pesos por galón de ACPM) o B.) Comprar 1 bono de carbono a un menor valor (digamos $10,000) y ahorrar dinero (digamos $5,000 por tonelada).

De esta manera una empresa puede ahorrar dinero con respecto a un impuesto y además puede mejorar los índices de su informe de sostenibilidad con la misma gestión. Es como si la DIAN le permitiera a usted señor lector, que en vez de pagar el predial de su casa invirtiera ese dinero en remodelarla. Es muy difícil obtener un beneficio reputacional al pagar el IVA o el ICA. No conozco ningún otro impuesto que pagándolo mejore la imagen de mi empresa.

Entonces, esta política nacional no solo permite que el gobierno recoja fondos, logre los compromisos ante el COP21, que las empresas ahorren impuestos y que mejoren sus metas de sostenibilidad, sino que además genera ingresos para que se desarrollen proyectos forestales comerciales, de conservación y de eficiencia energética en el país. Este decreto genera bienestar a 360 grados.

En cuanto a la relación oferta/demanda, cuando todos los consumidores de los combustibles fósiles gravados (ACPM, Jet Fuel, Gasolina, Kerosene, Fuel Oil, Gas Natural y GLP) quieran acceder a este beneficio tributario, se van a requerir 65 millones de bonos de carbono por año (2018), pero sumando todos los bonos de carbono de proyectos colombianos habrá máximo 10 millones para la venta (2018). Entonces si la demanda es mayor que la oferta el precio del bien se subirá, pero obviamente el “techo” siempre será el valor del impuesto al carbono porque ninguna empresa va a querer pagar más del valor del impuesto ($15,000). Muchos se preguntarán ¿Que hacen las empresas que no alcancen a comprar bonos? Sencillo, tendrán que pagar el impuesto y listo.

La historia de la reforestación en Colombia se parte en dos, antes y después del decreto. Ahora ser reforestador deja de ser una actividad Quijotesca, ya no es una herencia para los nietos y pasa a convertirse en un negocio rentable y de corto plazo. Este decreto le ayuda al reforestador en lo que más lo necesita, el flujo de caja, al tener una “cosecha” a la venta al poco tiempo de sembrar, representada en los bonos de carbono.

Los bonos de carbono colombianos van a ser tan apetecidos y escasos desde el 2018 que los proyectos de reconversión tecnológica, eficiencia energética y energías renovables que antes no eran rentables, ahora tienen una adicionalidad que va a obligar a los inversionistas a meterse de lleno. Ahora tiene todo el sentido del mundo migrar un horno de gas a biomasa/cascarilla de arroz. Hoy si vale la pena invertir en la conversión de una flota de transportes de Gasolina a eléctrico/solar/hidrogeno. Hoy se abre un nuevo mercado en Colombia el cual además va a generar empleos operativos, de consultoría, de comercialización y especialistas.

El decreto permite que en el 2017 las empresas puedan neutralizar sus emisiones comprando bonos de carbono de cualquier parte del mundo, y como hay bonos internacionales muy económicos las empresas colombianas han logrado ahorros muy grandes este año. Pero este periodo de transición terminó en noviembre de 2017 (porque el procedimiento es mes anticipado) por lo que la única opción a partir de diciembre son los bonos nacionales.

Conclusión, si su empresa consume grandes volúmenes de combustibles fósiles, está pagando altos montos de impuesto al carbono, si su empresa puede reducir emisiones de tCO2e por medio de un proyecto de eficiencia energética, si ya sembró o está pensando en sembrar especies forestales, si protege o está pensando proteger bosques naturales, o si está buscando una opción para invertir que genere beneficios económicos, ambientales y sociales, el decreto 926 de junio del 2017 es lo que usted y el planeta estaba esperando.