INQUIETUDES ACERCA DEL IMPUESTO AL CARBONO

Un importante proyecto de desarrollo sostenible para un país más verde

 

Hay que resaltar el trabajo que realiza el Ministerio de Ambiente respecto al Impuesto al Carbono. Después de la segunda revisión al proyecto del decreto, se ha generado una versión con conceptos más claros e incluyentes.

 

Pero queda una inquietud. Si el Impuesto Nacional al Carbono es una iniciativa del país que busca, no solo cumplir con los acuerdos de París, sino evitar al máximo la deforestación histórica (independientemente del estándar y del origen del mismo), no es lógico que se puedan hacer compensaciones con proyectos fuera del territorio nacional.

Va en contra del país el hecho de que se conmute el pago de un impuesto para pagarlo a través de créditos en otro país, esto sería como producir un bien en Colombia, usarlo en Colombia, pero ir a pagar un impuesto de ventas en Ecuador. El país no puede quedarse sin el valor del impuesto y sin el equivalente económico, en este caso los créditos de carbono producidos en el país que generan desarrollo, inversión, empleo, seguridad, reforestación, etc.

 

Entre más se piensa en esta figura (con todo respeto), más incoherente parece.

Ahora si en Colombia hay proyectos que tienen certificados, ¿por qué hacer prevalecer los internacionales? Insisto, si esto es pagado a proyectos fuera del territorio colombiano quien recibirá el beneficio sería el país receptor del dinero y su proyecto; el comisionista intermediario que normalmente será una empresa internacional también; es decir, las empresas que quieran hacer el pago de la compensación con créditos de carbono producidos afuera, nos deja en el peor escenario posible; sin el impuesto y sin el apoyo a los proyectos nacionales, como dice la sabiduría popular: “sin el pan y sin el queso”.

Por otra parte, esto reduciría el incentivo de los proyectos en el país, dado que es posible que ocurra el siguiente escenario:

La aerolínea XYZ tiene que compensar sus emisiones con 1’000,000 de toneladas de carbono. Dicha empresa va a Tasmania a comprar créditos por valor de $0.5 USD, es decir gasta $500.000 USD. Esto generaría un ahorro de $4’500.000 USD en la tasa del impuesto. El beneficio convendría si el proyecto al menos estuviera en el país, pero en este caso el dinero se debería girar a un proyecto en Tasmania, la comisión por la venta seguramente la tendría una empresa internacional y los recursos ni quedarían para poder invertirlos a través del impuesto en reforestación, corales, etc., o en proyectos que tienen créditos de carbono por reforestación o deforestación y degradación evitada.

Además se corren varios riesgos:

Si la empresa XYZ compra no 1’000.000 de créditos sino 5’000.000 tendría los próximos 5 años para compensar, de alguna manera se inundaría el mercado y la competencia sería imposible y desigual, ya que seguramente ningún proyecto nacional podría competir contra este ejemplo. No sería competencia del ministerio ni de nadie. Creo comprobar que dicha cantidad fue pagada siquiera por el comprador, este puede hacer un acuerdo de pago con el vendedor que le permita pagar en los próximos 5 años, es decir, por los próximos años tendría asegurada su compensación sin pagar por proyectos en Colombia.

Trato de ser muy explícito en el ejemplo porque creo que es muy importante darnos cuenta que NO es necesario, que es contraproducente y riesgoso para las finanzas del país, para el desarrollo y promoción de los proyectos que buscan la reducción de emisiones.

En conclusión, es importante que se tenga en cuenta que de no ser revisada la norma podrían darse una serie de alegatos jurídicos que para nada servirían a la tan esperada regulación del Impuesto. Creamos en nuestro país, pongámoslo por encima del resto del mundo, entendamos que no solo fuera de nuestra nación hay proyectos, empresas y personas que pueden hacer cosas importantes. Aunque esta no es la versión definitiva del proyecto de resolución, esperemos que el gobierno, en su sabiduría, logre corregir este vacío y entienda que por ninguna parte es lógico hacer pagos fuera del país, cuando existen proyectos que llevan esperando esta oportunidad y son necesarios los recursos para ejecutar y crecer los mismos.
Mauricio Rodríguez – Ingeniero Industrial, Fundador de CO2CERO®